5 de abril de 2020

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LA DELEGACIÓN DE CULTURA DEL AYUNTAMIENTO DE HERRERA, ORGANIZA UNA VISITA CULTURAL A SEVILLA, RUTA MUDEJAR

LA DELEGACIÓN DE CULTURA DEL AYUNTAMIENTO DE HERRERA, ORGANIZA UNA VISITA CULTURAL A SEVILLA, RUTA MUDEJAR
17/10/2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EXCURSIÓN RUTA MUDEJAR POR SEVILLA

 

La Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Herrera, organiza una visita Cultural a Sevilla, el próximo día 13 de Noviembre de 2015 (Viernes), con un programa  muy diverso, realizando por la mañana la Ruta Mudéjar, guiada por el Catedrático de Historia del Arte, Sr. Juan Luis Ravé Prieto, dentro del programa de Fomento y Cooperación Cultural de la Diputación Provincial de Sevilla. Por la tarde realizaremos una visita al Pabellón de la Navegación en la Isla de la Cartuja.

El coste de la visita es de 22,00 €, por participante, donde le incluye transporte, visitas guiadas y almuerzo. Las inscripciones se realizarán en la Casa de Cultura.

SALIDA: 7: 30 h desde la Carretera de Puente Genil.

 

PROGRAMA DE VISITA:

 

 

·        RUTA MUDEJAR POR SEVILLA MURALLAS, TEMPLO MUDEJAR, PALACIO DE LOS MARQUESES DE LA ALGABA Y PALACIO DE ALTAMIRA.

·        ALMUERZO.

·        VISITA AL PABELLÓN DE LA NAVEGACION.

 

ARTE MUDEJAR

El arte mudéjar es un fenómeno artístico producido en el territorio de Al Ándalus con posterioridad a la conquista cristiana y que se caracterizó por la continuidad de las técnicas constructivas y decorativas hispanomusulmanas bajo el dominio cristiano. De alguna manera se podría entender como una forma de victoria cultural de los pobladores vencidos de Al Ándalus sobre sus conquistadores.

No es estrictamente un estilo, sino más bien un conjunto de técnicas y de formas de entender la construcción, el urbanismo, la decoración e incluso la tecnología al modo andalusí que en forma de constante más o menos intensa se sumó a las cambiantes formas del arte cristiano medieval y renacentista. Incluso los límites cronológicos están difusos, pues aunque su momento de esplendor, en Andalucía, se puede situar entre los siglos XIV  y XVI, ello no evita que se estén produciendo obras mudéjares de interés en el siglo XVII, e incluso que en el siglo XVIII se puedan encontrar elementos  aislados de su influencia.

A este fenómeno de pervivencia cultural le aplicó la palabra "mudéjar", J. Amador de los Ríos, en 1859 utilizando un término de origen árabe, "mudâyyan” (tributario, sometido,  aquel a quien se le permite quedarse) que calificaba precisamente la situación de los musulmanes que permanecieron en territorio cristiano. Aunque nunca se llamaron mudéjares a sí mismos, ni sus contemporáneos, los cristianos, le dieron tal nombre. Es un fenómeno prácticamente excepcional en Europa,  singularidad que lo convirtió en objeto recurrente de las miradas de propios y extraños a partir del Romanticismo, momento a partir del cual en forma de Neomudéjar se extendió por todo el territorio español, haciendo más castizas las estaciones de Ferrocarril, las plazas de toros, los palacetes y kioscos y conformando finalmente una especie de arte nacional, en el contexto de una estética historicista y ecléctica que pervivirá hasta el primer tercio del siglo XX.

  

MUDÉJARES Y MORISCOS

Los mudéjares o moros del rey, que  vivieron en  la Sevilla cristiana no fueron muy numerosos, apenas los que estaban ligados a la conservación del Alcázar y a las actividades estratégicas como las atarazanas, francos del alcázar y de las atarazanas,  y los que voluntariamente habían vuelto a la ciudad sometiéndose a un régimen tributario bastante duro. La rebelión mudéjar frente a Alfonso X, empeoró sus condiciones de vida y muchos decidieron emigrar. A los escasos primeros mudéjares que permanecen habría que añadir los moros esclavos que se iban sumando a la población sevillana a medida que aumentaban las refriegas en la frontera y las conquistas del reino de Granada, teniendo en cuenta también que la frontera era más flexible y permeable de lo que se ha pensado hasta ahora. Los mudéjares sevillanos solían vivir agrupados en  San Marcos, en la zona de la  morería de San Pedro,  la alhondiga y también cerca de la s Atarazanas. A pesar de sus escaso número, su influencia debió ser notable, pues  estaban mayoritariamente dedicados a los trabajos de  la construcción, carpintería y otras técnicas relacionadas, alfarería, cañerías, etc., lo que nos permite hacernos una idea de su importancia cualitativa en la conservación y construcción de edificios y en las actividades vinculadas  la obra pública.

Los mudéjares bautizados se llamaron moriscos, independientemente de la sinceridad de sus creencias, teniendo en cuanta que a partir de 1502 por iniciativa de los RR CC todos fueron conminados a bautizarse o a emigrar fuera del territorio español. En esta fecha solo quedaban en la ciudad unas 32 familias. Como consecuencia de las rebeliones de los moriscos granadinos, algunos fueron obligados a trasladarse a Andalucía la Baja,  seguramente ya entonces muchas de las técnicas tradicionales mudéjares eran ejercidas mayoritariamente por cristianos. Finalmente en 1609, todos los moriscos serán definitivamente expulsados de la península. Aunque todavía en 1618 hay datos de la permanencia de algunos moriscos aislados y bastantes esclavos de este origen en Sevilla y provincia.

 

LA CIUDAD MUDÉJAR

La Sevilla mudéjar era bien distinta a la actual, era una ciudad cerrada por una muralla, con un urbanismo heredado de la Ixbilia islámica, en la que se han establecido con el tiempo más de 25 parroquias, con sus campanarios y muchas casas nobles con imponentes torres, sólo en esta zona están documentadas las torres del Palacio del Marqués de la Algaba y del Adelantado Mayor de Andalucía ( San Luis de los Franceses). Una ciudad en la que destacan visualmente las torres de la muralla, las de los templos y las de las casas nobles, con sus imponentes salones cuadrados que también se dejan notar por su altura y sus cubiertas ochavadas y monumentalidad en medio del discreto caserío, las calles estrechas los adarves sin salida y la escasez de plazas y de ventanas tal como nos advierten los viajeros.

            Es una sociedad compleja donde abundan los menestrales, incluso los agricultores que trabajan en el entorno de huertas de la ciudad, donde hay unos grupos dirigentes que gustan vivir en palacios y casas de tipo mudéjar, aunque también son proclives a introducir novedades importadas de Italia.

 

EL TEMPLO MUDÉJAR

Muy pronto la Sevilla conquistada se divide en 25 parroquias, collaciones, que son distritos religiosos y  administrativos aun tiempo, que tienen como centro de referencia religiosa, pero también el archivo y la actividad asistencial en  torno al edificio parroquial. El templo mudéjar tiene unos rasgos muy definidos  que derivan de su funcionalidad y de su doble procedencia. Surge lógicamente de las experiencias que se habían realizado durante la conquista de la zona norte de la provincia de Jaén y sobre todo de las llamadas iglesias fernandinas de Córdoba, a lo que se suman las experiencias  locales, especialmente la variada tradición decorativa almohade y los modelos de las mezquitas de barrio.

Son parroquias de planta basilical con tres naves y presbiterio con una o tres capillas elevadas sobre gradas y cubiertas con bóveda de crucería poligonal, y armadura de madera en las naves. El terremoto de 1356 obligó a la reconstrucción de muchos de estos templos y la sustitución de antiguas mezquitas por templos de nueva planta con unas características plenamente mudéjares. La funcionalidad del tipo hizo que se extendiera por Cádiz y Huelva y Badajoz y tras la derrota nazarí por toda Andalucía Oriental.

EL PALACIO MUDÉJAR

Los palacios mudéjares tuvieron siempre como modelo permanente y recurrente el palacio del rey don Pedro dentro del Alcázar sevillano, los nobles en sus casas imitaron la distribución de sus estancias en torno a un patio y la secuencia de espacios, patios y jardines. Un apeadero, daba acceso a los núcleos principales del edificio, la zona noble o de representación y a los edificios funcionales de habitación y servicio, elementos casi siempre ligados mediante un patio ajardinado. Este esquema se repite tanto en los edificios conservados Casa de Pilatos, Palacio de Altamira, Palacio de Dueñas, casa de los Almanza-Mañara, Casa Olea como en los muy transformados y do desaparecidos, palacio de los Enríquez (hoy San Luis), Ponces de León, Guzmanes….

Aunque  siempre se adaptan a la estructura de sus solares tienen algunos rasgos comunes; En la zona de representación siempre estuvo presente una gran sala cuadrada cubierta con una armadura ochavada o de media naranja al modo del Salón de Embajadores del alcázar. Este elemento central era flanqueado por salas rectangulares yuxtapuestas como ocurre en el propio plació del Marqués de la Algaba.


EL PALACIO DEL MARQUÉS DE LA ALGABA

Como otros palacios de la ciudad es el resultado de la yuxtaposición de varias residencias que sus nobles propietarios fueron agregando. Tiene su origen en una vivienda medieval que debió ser construida o reformada por el señor don Juan de Guzmán, en el siglo XV al poco tiempo de construir la torre defensiva de la Algaba en 1446, y que luego fue ampliada y remodelada casi totalmente en los inicios del Renacimiento.  Su situación junto al mercado de la Feria y muy cerca del acceso natural a la ciudad desde el señorío algabeño, una propiedad especialmente dedicada a los productos agropecuarios, permiten pensar que probablemente funcionaba, al mismo tiempo,  como residencia nobiliaria y como almacén de las mercancías con las que comerciaban estos señores. Los rasgos intensamente mudéjares de esta zona del palacio, la portada y la torre defensiva se explican tanto por la tradición de la arquitectura nobiliaria del momento en la ciudad donde abundaban los palacios torreados, como por la influencia clara que ejercía en todos ellos el palacio del rey Don Pedro.

El palacio renacentista fue construido  por iniciativa de Don Rodrigo de Guzmán tercer marqués de la Algaba  quien a partir de 1508 había comenzado a comprar inmuebles del entorno para poder construir una mansión a la altura de la importancia del mayorazgo y  la plaza que la procede desde entonces para darle la prestancia necesaria. Gracias a la prosperidad económica de la casa consiguió agregar 11 inmuebles al edificio primitivo,  liberando un solar de unos 5.625 m2  donde podrá plasmar en 1526 un edificio modélico en el que existe un equilibrio entre lo viejo y lo nuevo. Planta cuadrada y salones rectangulares en su entorno, patio  con arcadas de medio punto sobre de seis columnas  y capiteles importados de Génova en la planta baja, y seguramente tres arquerías de seis arcos  carpaneles en la planta superior.  Al gusto mudéjar añade todavía una sala cuadrada  la de la media naranja  y  una monumental caja de escalera renacentista en el otro extremo con importantes y numerosos vanos a la calle.

 

LA FUENTE DE LOS RECUERDOS Y LA EXPOSICIÓN

Se han pretendido unir en esta especie de fuente de los recuerdos una variada serie de componentes culturales de diversa procedencia que se integran en el mudéjar, capiteles góticos pavimentos de alicatados, con estrellas y hexágonos de cerámica de tradición islámica, tinajas de filiación claramente cristiana pero realizados con técnica mudéjar,  azulejos de arista, de cuerda seca y de reflejos metálicos con decoración de lacería y figurativa que  se mezclan y se combinan aleatoriamente en esta fuente de los recuerdos tal como lo hicieron los albañiles y artesanos mudéjares, creando multitud de combinaciones posibles.  El conjunto se halla presidido y  resaltado por una  pila bautismal para recordar que el rasgo diferencial  entre mudéjares, cristianos y moriscos, era precisamente el bautismo.  Una pila bautismal de cerámica vidriada de técnica mudéjar, pero que  paradójicamente servía para  la liturgia de un sacramento esencial en la vida del cristiano.

La exposición continúa   a través de las vitrinas de pared, ahora ordenadamente  expuestos los  grandes temas de la cultura mudéjar: la compleja sociedad bajomedieval,  las parroquias, los palacios mudéjares, el propio palacio del Marqués de la Algaba, los alfares, la carpintería de lo blanco y las técnica decorativas,  junto a otros aspectos reseñables como la cerámica arquitectónica y la alfarería funcional ligada a la extracción transporte y conservación del agua  sin olvidarnos de la  riqueza de determinada cerámica de lujo. Son extraordinarias las grandes tinajas almohades que se  exponen en la vitrina central precedentes de los grandes vasos de la Alhambra y del repertorio  decorativo mudéjar. Dignas de destacar son igualmente las piezas de alfarería procedentes del desaparecido templo de San Miguel y la gran vasija para el transporte de agua en caballería hallada en las excavaciones del propio palacio del Marqués de la Algaba, junto al almizate de armadura mudéjar del palacio de los Condes de Gelves,  el palacio donde se reunió lo más granado de la poesía sevillana del siglo de oro.

Fuera de  las vitrinas y en los muros de la sala II se exponen una acuarela de Joaquín Guichot que permite estudiar  el estado primitivo de la portada de la casa del Marqués de la Algaba,  lápidas góticas procedentes de los templos mudéjares,  capiteles, basas y tondos procedentes de palacios renacientes  en donde convivían las formas italianas y mudéjares. Igualmente  se pueden admirar importantes de la carpintería mudéjar como las pechinas procedentes  de Santa Clara y el arrocabe de una casa de la calle del Cristo del Buen Viaje en los que podemos valorar la destreza técnica y riqueza decorativa  que distingue a la carpintería mudéjar. También se muestran en sala y en las galerías de acceso fragmentos de cantería, capiteles  y rejas procedentes de diversos edificios de la ciudad bajomedieval y renaciente.

 

Más Información: 954012869 – 625610086 Casa de la Cultura

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

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